Amazon: el poderoso enemigo Perplexity AI y las compras automatizadas

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La batalla de las compras por IA ya comenzó

La decisión de un tribunal federal de San Francisco durante primera mitad de marzo de 2026 podría marcar el rumbo del Ecommerce y sentar las bases de las conductas de consumo de la próxima década, luego de que, a petición de Amazon, un juez bloqueara a una inteligencia artificial para comprar en nombre de los usuarios.

La preocupación del equipo legal de Andy Jassy, no es la seguridad, ni los usuarios, sino la amenaza de que un agente de IA tome el control de nuestra billetera y pueda: hacer compras eficientes, inteligentes y menos impulsivas, incluso demasiado rápido, dentro de un ecosistema que vive de que miremos publicidad.

Después de un desfile de advertencias, Amazon.com obtuvo una orden judicial preliminar contra Perplexity AI Inc., obligando a la empresa a suspender temporalmente el uso de su navegador inteligente “Comet” en la plataforma de compras online. El fallo fue firmado por la jueza Maxine Chesney, del Tribunal Federal del Distrito Norte de California.

La resolución no solo congela una función tecnológica sino que abre una pregunta incómoda:

¿Quién controla el acto de comprar en la era de la inteligencia artificial?


Qué ocurrió exactamente

Perplexity lanzó en 2025 su navegador web Comet, diseñado como un entorno de navegación inteligente con un asistente de compras integrado. La propuesta era directa: el usuario autoriza a la IA a buscar productos, comparar precios y ejecutar compras automáticamente en plataformas como Amazon.

Una especie de “comprador digital” personal.

Amazon demandó en noviembre de 2025 argumentado que Comet realizaba operaciones en nombre de los usuarios sin revelar que era un agente automatizado, infringiendo leyes federales de fraude informático.

Según la demanda, Comet:

  • Navegaba usando credenciales reales de usuario
  • Podía efectuar pedidos completos
  • Se identificaba como navegador Google Chrome
  • Evadía sistemas de detección automatizada
  • Operaba sin autorización expresa de Amazon

Amazon incluso documentó que gastó más de 5.000 dólares en recursos de ingeniería para bloquear la actividad del agente.


El fallo judicial

El 9 de marzo de 2026, la jueza Maxine Chesney concedió la orden judicial preliminar a favor de Amazon. Determinó que la compañía había demostrado una “probabilidad de éxito” en sus reclamaciones.

La frase clave del fallo resume el corazón del conflicto:

“Amazon ha proporcionado pruebas sólidas de que Perplexity, a través de su navegador Comet, accede con el permiso del usuario de Amazon sin su autorización, a la cuenta protegida por contraseña del usuario”.

El punto es sutil pero decisivo:

Que un usuario autorice a una IA no significa que la plataforma deba aceptarla.

Chesney citó precedentes legales como Facebook v. Power Ventures, reforzando la idea de que el consentimiento del usuario no basta cuando el propietario del sistema revoca permisos.

La orden exige que Perplexity:

  • Bloquee el acceso de Comet a secciones protegidas de Amazon
  • Destruya datos de Amazon almacenados
  • Suspenda compras automatizadas dentro de la plataforma

La aplicación se suspendió por una semana para permitir apelación.
Perplexity ya anunció que apelará.


El choque real: publicidad vs automatización

Amazon no es solo una tienda. Es una infraestructura publicitaria.

En 2025, su división de anuncios generó 68.600 millones de dólares. Ese modelo depende de algo simple:

Que el usuario vea productos destacados.

Que explore.

Que compare.

Que sea influenciable.

Los agentes de IA rompen esa dinámica.

Un asistente automatizado no “mira vitrinas”.
No recibe estímulos visuales.
No cae en ofertas relámpago.
No es persuadible.

Compra de forma funcional.

Y eso amenaza un mercado publicitario de cientos de miles de millones de dólares.


Reacciones: dos visiones del futuro digital

Amazon defendió el fallo como un paso para “garantizar una experiencia de compra confiable”.
Argumenta que agentes externos distorsionan su ecosistema y debilitan su sistema de recomendaciones y anuncios.

Describió a Perplexity como un intruso cuyo método es “código en lugar de ganzúa”. Además, la compañía ya había restringido agentes externos y promueve sus propias herramientas internas de IA, como Rufus y Buy For Me.

Perplexity respondió con dureza. Calificó la demanda como una táctica de intimidación corporativa y sostiene que:

  • Los usuarios dieron permiso explícito
  • Las credenciales se almacenan localmente
  • La IA mejora la experiencia de compra
  • Amazon busca proteger ingresos publicitarios

Su frase más reveladora fue casi filosófica: Los agentes IA “no tienen ojos para ver la publicidad persistente”.


El riesgo silencioso: automatizar cuentas protegidas

Aquí aparece un problema técnico serio. Automatizar accesos a cuentas con contraseña implica riesgos:

  • Exposición de datos personales
  • Posibles vulnerabilidades en autenticación
  • Riesgos de fraude automatizado
  • Dificultad para distinguir usuario humano vs software

El tribunal consideró como daño los recursos que Amazon destinó a mitigar estas intrusiones.


¿IA comprando por nosotros?

Dar acceso total de compra a una IA sin supervisión se parece demasiado a entregarle una tarjeta de crédito a un adolescente.

Puede funcionar.
Puede ser eficiente.
Puede incluso ahorrar dinero.

Pero también puede generar decisiones impulsivas, automatizadas y descontextualizadas.

La tecnología no elimina la responsabilidad. La amplifica.


El problema mayor: dependencia de monopolios digitales

El caso revela como dependemos de plataformas cerradas para comprar, vender y existir digitalmente.

Amazon controla:

  • Visibilidad de productos
  • Reglas de acceso
  • Publicidad
  • Experiencia de usuario
  • Infraestructura logística

Tanto comerciantes como clientes quedan dentro de un jardín amurallado. El conflicto no es solo IA vs Amazon.

Es: Automatización vs estructuras de poder digital.


LATAM

En América Latina, el comercio digital depende cada vez más de marketplaces centralizados.

Pequeños comerciantes viven de algoritmos que no controlan. Consumidores compran donde “aparece primero”.

Si los agentes de IA se vuelven intermediarios dominantes, podríamos pasar de depender de Mercado Libre a depender de asistentes automatizados propietarios. Cambiar de monopolio no es progreso.


¿Qué está en juego?

Este caso anticipa decisiones clave:

  • ¿Quién autoriza a las IA a actuar en línea?
  • ¿Las plataformas pueden vetar agentes automatizados?
  • ¿La publicidad seguirá financiando Internet?
  • ¿El usuario es dueño real de su cuenta digital?

Otros actores ya reaccionan.

eBay actualizó términos para prohibir agentes automatizados sin permiso. Marketplaces desarrollan IA internas. La regulación se aproxima tanto como una decisión judicial que marque un precedente.


Comprar mejor, no delegar todo

La IA puede ser aliada para:

  • Comparar precios
  • Detectar fraudes
  • Analizar reputación
  • Optimizar decisiones

Pero no debe convertirse en una capa que controle el comercio. Comprar es un acto humano. Delegarlo por completo implica perder criterio.


El fallo contra Comet no detiene el comercio agéntico. Solo inaugura su regulación. La pregunta no es si la IA comprará por nosotros sino: ¿Queremos seguir siendo consumidores o convertirnos en usuarios administrados por algoritmos?

La racionalidad en el consumo es el verdadero poder.